Salón de la Fama 2.016



Apenas había saludado al público en la ceremonia de entronización al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, en Nueva York, cuando Mike Piazza se quebró: “La única manera en que me imaginaba estar aquí con ustedes era comprando un boleto”.
Piazza, uno de los mejores receptores bateadores de la historia, y Ken Griffey Jr., uno de los peloteros más finos de la historia y el jugador con el más alto porcentaje de votos de los electores (99%), tuvieron su día más memorable al unirse al recinto de los inmortales el domingo ante una asistencia estimada de 50,000 espectadores.
Piazza, quien entró al Salón de la Fama como Metropolitano de Nueva York, le rindió tributo a la fanaticada del equipo de Queens.
“¿Cómo puedo poner en palabras mi agradecimiento, amor y aprecio por los fans de los Mets de Nueva York? Ustedes me han dado el más grande regalo y me han llevado con gracia a ser parte de su familia”, dijo Piazza, de 47 años de edad, ante el delirio de miles de seguidores del equipo presentes. “Ver hoy el increíble mar de azul y naranja me lleva de vuelta al tiempo más grandioso de mi carrera”.
Piazza jugó sus primeras siete temporadas con los Dodgers de Los Ángeles, luego de que el entonces manager Tom Lasorda, quien era amigo de su padre, le ayudara a tener una oportunidad con el equipo. Tras un efímero paso por los Marlins de Florida, el receptor autor de 427 jonrones en su carrera, llegó a los Mets para brillar allí en ocho temporadas.
Griffey Jr., de 46 años, entró al Salón de la Fama como Marinero de Seattle, club con el que jugó desde su impactante debut en 1989 y hasta 1999, antes de pasar a los Rojos de Cincinnati para otra época larga de su carrera. Terminó con 630 cuadrangulares, 2,781 hits, 10 Guantes de Oro a su excelencia defensiva como jardinero, entre muchos logros.
“Estoy aquí con humildad y emoción que me rebasa”, dijo Griffey Jr., quien tampoco pudo contener las lágrimas. “Desde el día en que fui drafteado, mi primer turno al bate en el Kingdome (de Seattle), los playoffs de 1995, mi retorno con los Rojos, mi retorno a los Marineros, Seattle, Washington, ha sido una gran parte de mi vida.
“De mis 22 años (en Grandes Ligas), he aprendido que solo un equipo te tratará de la mejor forma y ese es tu primer equipo. Estoy muy orgulloso de ser un Marinero de Seattle”.

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